sábado, 23 de febrero de 2008

Los orgullosos verdes

Cuando a principios del verano de 2007, más concretamente a finales de junio durante la noche del draft que llevaría a la liga a jugadores como Greg Oden, K. Durant, Al Horford, A. Law o J. Green, pudimos advertir que se estaba realizando a la par el traspaso de Ray Allen, estrella de la liga y líder hasta entonces de la franquicia de Seattle, a Boston observamos que podría estar iniciándose el proyecto más interesante desde que Ainge llegara hace unos años al puesto de general manager de la franquicia, eso si, con alguna dudas razonables, pero finalmente cuando se consumó el megatraspaso que envió a Kevin Garnett a cambio de Ryan Gomes, Gerald Green, Al Jefferson Theo Ratliff y Sebastián Telfair a Boston las dudas se disiparon y evidenciamos que era el inicio de una nueva etapa en la franquicia de y por extensión, dada la importancia de la operación, en la liga. Fueron muchos, entre ellos me incluyo, los que pensaron o pensamos que el rebautizado como nuevo “Big Three” (ya había habido otro anteriormente en los Celtics de los 80 formado por Bird, Parish y McHale) podría no ser tan bueno o productivo si no llegaban a darse unos condicionantes que redundarían en el buen funcionamiento del proyecto; el primero, Kevin Garnett y Ray Allen llegaban de franquicias caracterizadas por la no “obligación” de vencer cada noche, por lo menos en los últimos años, cosa que en los nuevos Celtics sería diametralmente distinta; segundo, los tres estaban acostumbrados a ser los líderes de sus respectivos equipos, cosa que ahora deberían variar por la buena sintonía del equipo; tercero, tras el traspaso que trajo a Garnett la plantilla necesitaba fichajes que ayudaran al “Big Three” a hacer frente a la nueva temporada y debían realizarse estos fichajes con una gran limitación en el margen salarial, así llegaron durante el verano E. House, Pollard, Posey, D. Jones y Esteban Batista, jugadores de rotación de los equipos de los que provenían y que debían asumir el papel de dar descanso a las “estrellas” del equipo. Así, y con muchas dudas, llegaba el mes de octubre, durante el cual en los diferentes amistosos se puso de manifiesto que ya había un cierto acoplamiento de los nuevos y un entendimiento entre los tres nuevos “jefes” del vestuario, por lo tanto la primera parte del proyecto de ensambladura concluía. Comenzaría posteriormente en noviembre la temporada para los Celtics, temporada cargada de ilusión y deseos de poder hacer algo grande después de una larga travesía por el desierto.
Con el paso de los partidos las cosas fueron saliendo mejor de lo previsto, el trío integrado por Pierce-Allen-Garnett funcionaba mejor de lo esperado, ninguno tenía grandes ansias de protagonismo y los tres hacían todo lo posible por el bien del equipo, si hacía falta metían 30 puntos pero si una noche el equipo requería de su defensa no les importaba coger el traje de faena y ponerse a picar, todo fuera por el bien del equipo; el resto, Perkins era el pívot duro en defensa y eficaz en ataque que el quinteto necesitaba, sin acusar en exceso las nueva obligaciones que sobre él recaían, Rondo ejercía de base ideal dirigiendo con eficacia y oxigenando el juego, seleccionando convenientemente que pase dar y cuando darlo, y a la vez mostrando una gran madurez en su todavía año sophomore, a Posey no le importaba su papel de sexto hombre y no necesitaba brillar en ataque ni buscar un falso protagonismo innecesario para él, House seleccionaba y buscaba el tiro cuando era requerido sin necesidad de abusar de la posesión ni de hacer tiros cuando no era necesario, el resto, los novatos crecían para oxigenar el quinteto y los veteranos aportaban lo que de ellos se esperaba, años y experiencia. Con la suma de esfuerzos, Boston brillaba en ataque pero además era eficaz y eficiente en defensa, punto que les conduciría a muchas victorias holgadas gracias a este trabajo.
Actualmente, pasados casi cuatro meses desde el primer partido, el equipo sigue creciendo, ya sin la posibilidad que se llegó a contemplar a principios de año de batir el record de los Bulls del 95, pero al fin y al cabo creciendo hacia el objetivo de poder llegar a ser campeones en junio. El resto de equipos, aun por detrás, pero, ¿alguien duda del verdadero objetivo de estos Celtics? No, ser el mejor en la temporada regular no está nada mal, pero estos Celtics tienen hambre y tras más de veinte años fuerza, trabajo, mucha calidad y… ilusión. ¿El 17º anillo está cerca? Ya lo veremos y lo comprobaremos en mayo y junio pero estos Celtics, por fin, tienen muy, pero que muy buena pinta… Lucky The Leprechaun vuelve a guiñar su ojo izquierdo con fuerza y la afición vuelve a pensar ¿este año si? Por algo son y seguirán siendo “Los orgullosos verdes”.